Torres Ruíz evoca el discurso de la nostalgia

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Una constante en el libro de Gabriela Torres Ruiza es el ciclo de la vida y la muerte

“Las imágenes que componen Silence, son casi la antítesis de mi trabajo, así que el encuentro con su libro fue un dilema; a pesar de eso, me causaron mucho impacto”, comentó el fotógrafo Rodrigo Moya, la tarde de ayer en la presentación del libro de Gabriela Torres Ruiz, en  Profética, Casa de la Lectura.
El artista, conocido por su destacado trabajo en el reportaje gráfico, agregó que “la serenidad domina el conjunto, y se convierte en el eje dominante del libro. Hay un equilibrio entre las auras, en el manejo de las luces”, sentenció Rodrigo Moya durante  los comentarios al respecto de Silence.
Por su parte, Ariel Arnal compartió que fue a partir de la mirada de Susan Flaherty y Rodrigo Moya, el haberse encontrado a Gabriela en el campo de la fotografía.
“La sensación que me provocó su trabajo, fue la de diálogo con la obra de Giovanni Battista Piranesi, el grabador italiano: una interesante relación entre color y la forma”.
“El trabajo de Gabriela es la búsqueda de edificios abandonados, un silencio que evoca al pasado. El silencio, en la obra de Torres Ruiz también es poesía”, agregó.
Lo más íntimo lo adoramos en el silencio, porque nos permite reconocer lo que realmente somos, sentenció el historiador visual.
En su turno, Gabriela Torres comentó que el tema surgió en Islandia, ya que este espacio le generó una sensación como si se tratara de los orígenes del mundo.
Dijo que, a partir de 1994, en Alemania, se quedaron muchos edificios abandonados, pero en algún momento pensó en lo común de los espacios: la ausencia de seres humanos y el silencio. Alemania, Italia e Islandia son los escenarios donde la fotógrafa se enfrentó a las imágenes de Silence.
Una constante en el libro de Gabriela Torres Ruiza es el ciclo de la vida y la muerte.
“Trabajé buscando las asociaciones de estos dípticos, uno de ellos fue el círculo de la vida, es decir, que el ser humano nace de la naturaleza, todo regresa a su origen”.
Asimismo, la creadora resaltó la casualidad, una suerte de azar, para la disposición de los dípticos, pero puntualizó el detalle para la selección.
“Las similitudes entre interiores y exteriores fue muy casual; es decir, no hay tratamientos artificiales, pero fue un tema del detalle, ir viendo cómo se relacionaban unas con otras para ir generando un discurso.
En la charla estuvieron presentes Susan Flaherty, diseñadora y dibujante; Ariel Arnal, historiador visual y Rodrigo Moya para acompañar con sus comentarios a la arquitecta y fotógrafa mexicana.
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