Proponen productores autoconsumo y diversificación de oferta para afrontar crisis del Covid-19

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Foto: WRI México
Foto: WRI México

El Instituto de Recursos Mundiales México (WRI Mexico, por sus siglas en inglés) arrancó el 30 de junio la Semana de los bosques de la iniciativa Revolución Sostenible con un conversatorio que tuvo como tema central visualizar la situación que viven las comunidades en las regiones forestales y las alternativas que están desarrollando para sobreponerse a la crisis derivada de la pandemia del Covid-19.

El conversatorio fue moderado por Leticia Merino, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM), y arrancó con una introducción al tema de  Javier Warman, director de Bosques de WRI México.

Warman explicó que la FAO ya dijo que la crisis por el nuevo coronavirus es más desafiante para la población rural debido la que concentra más pobreza que las zonas urbanas, que la mitad de esta población está excluida de la protección sanitaria y que en el medio rural el trabajo debe ser presencial y ahora eso está imposibilitado debido a las restricciones de movilidad y a las medidas de sana distancia.

“En México cerca de una cuarta parte de la población vive en zonas rurales… el 60 por ciento de los bosques y selvas se encuentran en posesión de ejidos y comunidades agrarias y cerca de 11 millones de personas habitan en áreas forestales”, explicó el experto.

Karen Beltrán, secretaria del Ejido Las Milpas y Anexos en Tamazula, Durango, contó que en su estado a raíz de la crisis ha cambiado tanto la forma de vivir como de morir, y que se ha complicado mucho la venta de madera, en especial la número 4. Resaltó que en el caso de las mujeres el trabajo ahora es triple, puesto que tienen que ser madres, maestras y trabajadoras.

“(Sin embargo), aquí una de las alternativas más maravillosa es que regresamos a comer lo que había en nuestro rancho, a nuestras gallinas, es una alternativa que nos hace más sanos y saludables… volvimos a nuestras prácticas de antes, de rancho, a darle importancia a nuestros productores, agricultores y ganaderos, y a buscar que sus productos también tengan precio y valor en el mercado”, relató.

Sobre quiénes podrían proporcionarles ayuda, la secretaria ejidal consideró al gobierno y a las organizaciones como actores clave, siempre y cuando se busque el bienestar de las comunidades.

“Pareciera que el gobierno está peleado con las asociaciones y tenemos que buscar la unión, no buscar intereses personales, sino el bienestar colectivo”, dijo.

Miguel Ku Balam, representante de la Red de Ejidos Productores de Servicios Ambientales, Ya axSot’ Ot’ Yook’olKaab, A.C. (Repseram), contó que en la península la mayoría de las familias trabaja en la milpa tradicional y el aprovechamiento forestal maderable, y que han sufrido de una falta de trabajo y de ingreso para las familias.

“En primer lugar creo que en este caso nosotros mismos como productores, ejidatarios y campesinos debemos buscar las soluciones, no podemos dejar a las familias sin sustento, y en segundo lugar creo que lo más importante es aliarnos, hacer alianzas con organizaciones y fundaciones, y tercero creo que el gobierno es una parte fundamental en este proceso, pero sabemos que ahorita está peleado con las organizaciones y no vamos a sentarnos a esperar a que vengan”, dijo Ku Balam sobre quiénes podrían apoyarlos.

Eusebio Cipriano, presidente de la Unión de Ejidos Emiliano Zapata de Amanalco, Estado de México, dijo que en el centro del país han experimentado la pandemia de manera similar, pues el cierre de varias empresas y de sus actividades ecoturísticas han representado una pérdida de ingresos para los municipios en los que viven los más de mil ejidatarios que conforman la unión.

“Se tuvo que hacer algo interno, y eso fue reactivar la economía municipal, el autoconsumo, se llegó a hacer el trueque, que es algo que seguimos implementando y esperamos que siga”, relató.

Cipriano coincidió en la necesidad de abrirse a nuevos mercados, y sugirió como una posible medida a adoptar la formación de brigadas de reforestación más pequeñas para minimizar el riesgo de contagio. Respecto a quiénes podrían brindarles apoyo, el líder ejidatario resaltó la resiliencia y fuerza que ellos mismos tienen, pero mencionó a las organizaciones no gubernamentales como importantes aliados, y también consideró importantes los apoyos dados por instituciones como Conafor y Probosque.

Por último, Alejo Marcelino López, presidente de la Unión de Comunidades Productoras Forestales Zapotecas-Chinantecas de la Sierra de Juárez de Oaxaca, UZACHI, dijo que derivado de los impactos de la pandemia, en la unión tuvieron que adoptar ciertos mecanismos para proteger la salud de la gente, mantener la calidad de su trabajo y respetar los estándares para un manejo responsable de los bosques.

En actividades de manejo forestal, por ejemplo, López contó que se busca mantener una plantilla de trabajadores que si bien recibe un salario mínimo y sólo labora ciertos días a la semana, es una buena forma de garantizar un ingreso a todas las familias.

“También se podrían buscar mecanismos de trabajo en los que se evite la aglomeración de personas y con los que se reactive a las economías locales, se permite la generación de insumos locales y ya no se dependa tanto del exterior”, resaltó.

López coincidió en la importancia de aliarse y buscar el apoyo de instituciones, fundaciones y entes de todo tipo, pero precisó que el plan debe incluir a las personas de las mismas localidades, así como cláusulas donde se promueva el comercio justo y la protección del medio ambiente.

La Semana de los bosques está enmarcada dentro de la iniciativa Revolución Sostenible: diálogos para la recuperación, la resiliencia y la equidad, la cual pretende generar una conversación multisectorial hacia una recuperación pospandémica que nos lleve a una sociedad más resiliente a desastres y enfermedades, más justa y equitativa y cuidadosa del medio ambiente.

Revolución  Sostenible es una iniciativa de WRI México y las organizaciones aliadas Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Embajada Británica en México, la Cooperación Alemana al Desarrollo Sustentable en México (GIZ), la Iniciativa Climática de México (ICM), The Climate Reality Project América Latina, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

“No estamos sufriendo mucho porque creo que una de las ventajas que tenemos como mayas es que no tenemos que trabajar un solo producto, por lo que si se pierde uno podemos echar mano de otros”

Miguel Ku Balam, representante de la Red de Ejidos Productores de Servicios Ambientales, Ya axSot’ Ot’ Yook’olKaab, A.C. (REPSERAM)

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