Aquella noche cruel: Cárdenas Palomino, el policía con permiso para matar

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Ciudad de México.- El 27 de abril de 2012, alrededor de las 22:00 horas, un hombre se acercó a Mario Vallarta Cisneros y le preguntó: “¿Me buscabas?”, le dijo.

El interpelado llevaba entre tres y cuatro horas sometido a golpes y amenazas; apenas podía pensar con claridad. Antes de que pudiera responder, ese hombre de traje oscuro, con gabardina negra de cuero y zapatos de charol, le soltó a bocajarro: “Yo fui quien le rompió la madre a tu hermano Israel y a tus (otros) hermanos”.

Mario Vallarta reconoció a ese personaje de cabello recortado, tez blanca y nariz recta: era Luis Cárdenas Palomino, titular de la División de Seguridad Regional de la Policía Federal y uno de los colaboradores más estrechos del entonces secretario de Seguridad Pública Federal Genaro García Luna.

Era el mismo mando policiaco que años antes había presentado como presuntos integrantes de la banda Los Zodiaco a cinco miembros de la familia Vallarta, entre ellos a Israel, quien había sido detenido el 8 de diciembre de 2005 junto con la ciudadana francesa Florence Cassez.

Sin embargo, la versión de la Policía Federal fue distinta: Israel y Florence Cassez habían sido capturados en supuesta flagrancia la mañana del 9 de diciembre de ese año en el rancho Las Chinitas.

En ese operativo fueron localizadas tres supuestas víctimas de plagio y el “rescate” fue transmitido en vivo por Televisa. No obstante, cuatro meses después la periodista Yuli García reveló que se había tratado de un montaje. Y esa técnica se convirtió en una constante.

El 7 de mayo de 2009, Cárdenas Palomino anunció la detención de René Vallarta Cisneros, hermano de Mario, y de Alejandro y Juan Carlos Cortez Vallarta, dos de sus sobrinos. Los tres fueron torturados y acusados de pertenecer a la banda de secuestradores Los Zodiaco. Ante las inconsistencias del caso, fueron absueltos en 2016 por un tribunal federal y liberados.

A finales de abril de 2012, en las postrimerías del sexenio de Felipe Calderón, aun cuando ya se conocían todas las irregularidades del caso, incluyendo el montaje televisivo contra Cassez e Israel Vallarta –transmitido en vivo en el noticiario del periodista Carlos Loret de Mola–, la Policía Federal detuvo al propio Mario Vallarta.

Aun cuando ya se perfilaba la liberación de Cassez –y poco después se consumó la derrota del PAN en las elecciones presidenciales de ese año–, la detención de Mario Vallarta y su sobrino Sergio Cortez Vallarta fue el último golpe del gobierno de Calderón para tratar de salvar la narrativa de ese caso. El propósito era justificar las acusaciones contra Cassez y la familia Vallarta.

La historia de 2005 con Israel Vallarta; la de 2009 con René Vallarta y la de 2012 con Mario Vallarta fue muy similar: detenciones en presunta flagrancia, tortura de los imputados, confesiones autoinculpatorias y testigos o víctimas que se retractan o se contradicen de manera abierta.

El 27 de abril de 2012, Mario, tercero de los hermanos Vallarta Cisneros, y Sergio Cortez –uno de sus sobrinos que quedaba libre–, así como los hermanos Eduardo y Ricardo Estrada Granados, quienes no tenían ningún vínculo con los primeros, fueron torturados por más de tres horas para que confesaran su presunta “participación” en la banda Los Zodiaco.

Ocho años después, el caso dio un giro: Cárdenas Palomino es doble prófugo de la justicia: en México enfrenta una orden de aprehensión por el delito de tortura, en la modalidad de instigador y autor material, en agravio de Mario Vallarta, Sergio Cortez y los hermanos Estrada Granados.

Además, una Corte de Distrito de Estados Unidos lo busca por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa y tres cargos de conspiración para traficar drogas en la misma causa penal por la que García Luna está preso.

Sin embargo, la pesadilla en tres capítulos que ha enfrentado la familia Vallarta y sus coacusados no ha terminado: Israel y Mario, así como Sergio Cortez continúan encarcelados, pese a las torturas y fallos judiciales que han derivado en la liberación de otros tres integrantes de la familia y de la propia Florence Cassez.

Los Estrada Granados también esperan sentencia y, por primera vez en ocho años, la orden de aprehensión que un juez federal giró contra los 13 elementos de la Policía Federal que participaron en su detención y tortura, incluyendo a Cárdenas Palomino, les ha regresado la esperanza de obtener su libertad.

(Proceso/fragmento de reportaje del número 2293 de la edición impresa)

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