Con tanta pobreza, el avión presidencial es un insulto, pondera López Obrador

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Ciudad de México. Con el lujoso avión presidencial de fondo, como escenografía para su conferencia mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que el Boeing Dreamliner 787-8 es ejemplo de los excesos que se cometieron en el periodo neoliberal. Es un insulto al pueblo de México habiendo tanta pobreza, por lo faraónico que es.

Deploró el nivel de irracionalidad, de enajenación con el lujo y los privilegios que se tuvo para denominarlo José María Morelos y Pavón, quien encarnaba la lucha por la igualdad, cuando pudo llevar el de Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna, Porfirio Díaz o de Carlos Salinas de Gortari, porque tendría más apego a la realidad.

Ayer, desde lo que fue el hangar presidencial, en cuya remodelación el gobierno de Enrique Peña Nieto erogó casi mil millones de pesos para guardar la aeronave adquirida por Felipe Calderón, el presidente recordó que por ella –que se encuentra en venta– se iban a terminar de pagar 7 mil millones de pesos nada más por mantenimiento, porque su adquisición fue financiada con recursos públicos, de viajes al año significan alrededor de 150 millones de pesos.


El propósito de hacer esta rueda de prensa con el avión de fondo es para dar a conocer al pueblo de México cómo se malgobernaba al país, cómo había lujos en el gobierno durante todo el periodo neoliberal. Los funcionarios vivían colmados de privilegios, de atenciones. Era un gobierno de ricos para ricos con un pueblo pobre.

No estoy diciendo una mentira, eran muy excesivos, y recordó que se usaban helicópteros oficiales hasta para ir a jugar golf. Había la idea de que el avión presidencial daba poder, que era un símbolo de fortaleza, pero no es así, era ostentación.

López Obrador describió que el Boeing TP-01 es tan grande, tan grande que las personas se ven pequeñas. Es monumental.

Acompañado por los titulares de las secretarías de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, y de la Marina, Rafael Ojeda, así como por la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y los funcionarios responsables del proceso de venta de la aeronave y de la rifa del equivalente a su valor, recordó el otro negocio que en pasadas administraciones tenían proyectado con la construcción –ya cancelada– del nuevo aeropuerto en Texcoco.

Implicaba cerrar la Base Militar de Santa Lucía –donde actualmente se construye la obra– y también el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, lo que representaba desmontar el hangar presidencial –ahora conocida como Base Aérea Militar 19– para hacer un gran negocio inmobiliario, una especie de Santa Fe.

Agregó que, a diferencia de lo que costó la remodelación de este lugar, su gobierno gastó 500 millones de pesos para ampliar la Terminal 2 del aeropuerto, la cual inauguró el viernes pasado.

Insistió en que se acabaron lujos, el derroche y los gastos superfluos, aunque no les guste a sus adversarios, pero ya es el momento de decir basta y de seguir impulsando la transformación de México.

(La Jornada)

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