Segundo Informe de AMLO: Reconoce crisis económica y anuncia una nueva etapa política

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Hubo un tiempo donde el informe de gobierno era, de facto, el día del presidente. Hasta los años noventa, era el día donde las cámaras televisión seguían al mandatario desde su residencia, lo grababan despidiéndose de sus hijas, lo seguían hasta el Congreso y allí transmitían un mensaje solo interrumpido por aplausos. En la nueva dinámica es Andrés Manuel López Obrador el que ve desayunar a los mexicanos cada día a las siete de la mañana y los crípticos discursos de los mandatarios del viejo PRI han dado paso a una abrumadora presencia mediática donde el silencio es la anomalía.

En su segundo informe de gobierno, el presidente mexicano describió un optimista panorama social y económico, pese a que las previsiones de todos los organismos contrastan con su discurso e insistió en que su movimiento entra en una nueva etapa para “evitar retrocesos”, en un claro mensaje a las bases de cara a las elecciones del próximo año.

La nueva realidad es que el mandatario acapara el discurso y es difícil encontrar novedades a las dos horas diarias de conferencia matutina. Con estos mimbres, el mandatario de 66 años se vistió el traje que mejor le sienta, el de la reiteración didáctica, para hablarle al país.

López Obrador describió su lucha contra la corrupción, la austeridad que rodea su gobierno, los programas sociales o la construcción del aeropuerto de Santa Lucía y del Tren Maya como principales logros, en medio de un contexto de recuperación económica.

Sus dos primeros años al frente de la Cuarta Transformación, dijo, son un proyecto casi terminado donde “se han cumplido 95 de las 100 promesas hechas en el Zócalo”, dijo en referencia al discurso dado tras su “abrumadora” victoria electoral. “En lo fundamental nos queda realmente poco. Se aplica el proyecto de nación desde el primer día (…) Las circunstancias nos han obligado a hacer ajustes pero no vamos a apartarnos de lo esencial”. López Obrador admitió en su discurso en el patio del Palacio Nacional que el país atraviesa dos crisis, una económica y otra sanitaria, pero que la recuperación ha comenzado porque “en el peor momento contamos con el mejor gobierno”, resumió.

En lo político, López Obrador sembró con la sutilidad de antaño y desgranó en el último tramo de su discurso, las que serán las líneas maestras de su nuevo calendario a partir de diciembre. El presidente describió ante su equipo más cercano -entre los que estaban Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de Ciudad de México; Alfonso Romo, jefe de Presidencia y el canciller, Marcelo Ebrard- la que será su nueva etapa en el movimiento que encabeza y con el que pretende convencer en la calle de lo logrado en las alturas. Con la mira puesta en los comicios de junio de 2021, a partir del 1 de diciembre López Obrador dará por terminada la etapa de colocar los cimientos de la 4T para ”continuar con la revolución de las conciencias y lograr a plenitud un cambio de mentalidad”, como la mejor manera de “evitar retrocesos”. López Obrador aspira a que “cuando sea necesario”, el movimiento que encabeza “se convierta en voluntad colectiva dispuesta a defender lo alcanzado”, advirtió.

Durante 45 minutos, el presidente mexicano insistió en que encabeza una “renovación moral” del país y ofreció cuestionables cifras sobre economía y seguridad pública. “Hay menos secuestros, feminicidios, asaltos en el transporte público, en robo a negocios y a casas”, dijo. “En todos estos delitos hay un descenso en promedio del 30 por ciento, aunque aumentaron los homicidios y la extorsión”, señaló. Las cifras oficiales, sin embargo, confirmaron este martes que el mes de agosto es el segundo más violento del año.

En el campo económico López Obrador defendió que la recuperación ha llegado sin aumentar la deuda pública y celebró su buena sintonía con los empresarios. A ellos dedicó algunos de sus piropos al decir que la mayoría mantuvieron a sus trabajadores durante la pandemia (aunque oficialmente se han perdido más de un millón de empleos), que pagan sus impuestos correctamente y que aumentaron un 16 por ciento el salario mínimo el año pasado y un 20 por ciento el actual, dijo en referencia al millón de empresas que crean el tejido productivo del país.

De pie, con chaqueta azul y corbata oscura, el mandatario tabasqueño ofreció su lado menos rijoso y más institucional, pero no dejó pasar ninguna oportunidad de golpear a sus oponentes entre los que incluyó a los “seudoecologistas”. Sobre los últimos casos de corrupción vinculados al expresidente de Pmex, Emilio Lozoya, insistió en el doble mensaje que maneja desde hace tiempo: por un lado, no cree que se deba juzgar a sus antecesores en el cargo, pero a la vez, es partidario de realizar una consulta pública para juzgar a los expresidentes, lo que supondría un golpe a la separación de poderes en México y que no tiene precedentes, más allá de las inconsistencias jurídicas a las que apuntan muchos expertos. Cuando se refirió a la oposición les recordó que nada le apartará de su camino porque “la mayoría de mexicanos aprueba” su gestión.

Según la encuesta publicada por El País este lunes, tiene uno de los índices de aprobación más altos del continente, cerca de un 65 por ciento, aunque su partido está muy lejos de esa cifra. Con el innegable olfato político que hasta sus oponentes le reconocen, el Informe de López Obrador inauguró este martes el invierno político con dos claros objetivos: extender entre las bases la ‘Cuarta Transformación’ y posicionar a su partido, Morena, de cara a los comicios de junio, donde se renovará la mitad de la cámara, quince gobernadores y un número grande de presidentes municipales.

(El País)

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