Gabriel Biestro en caída libre

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DOMINIO PÚBLICO

Por Francisco Maravilla

En un golpe de suerte hay quienes empiezan ganando y terminan perdiendo. En la 4T poblana, al interior de Morena, es notorio. Desde las alturas, el vértigo de la caída libre los hace girar y los desorienta. Dan tumbos. En su primer intento por sobrevivir se dan cuenta que el paracaídas no abre. Entran en pánico. No es para menos, su status político va en picada. En su caída, también con la ausencia de paracaídas de emergencia, pasan del primer círculo al segundo, del tercero a sucumbir en su instinto de supervivencia. En su descenso intentan todo para sobrevivir. Todo parece en vano. No hay de donde o de quien asirse. Están a punto de llegar al suelo: a su inevitable fin. Si sobreviven, en las lamentables condiciones en que quedaran, saben que eso no es vida.

Gabriel Biestro Medinilla fue arrojado ya del avión de la 4T. Todos los morenistas (bueno casi todos) se han dado cuenta menos él. Confía que de último momento el piloto del avión, en una maniobra prodigiosa, lo rescate. Es un acto de fe del legislador. Confundido en su descenso, piensa que el piloto hará lo imposible para salvarlo. Reflexiona: tenemos muchas horas de vuelo juntos. Piensa que es atributo suficiente para ser rescatado. La lógica de quien lleva el mando de los controles es otra: salvarse a él mismo y a la tripulación, a los demás pasajeros y a la aeronave. 

Ya en el aire, en uno de sus intentos para hacer visible sus maniobras en el inmenso cielo con nubarrones, Biestro Medinilla, desde que percibió su posible tragedia a bordo del avión de la 4T, y para caer a salvo y bien parado en la candidatura por la alcaldía poblana, generó una granja de bots (71 para ser exactos) a manera de fuegos artificiales. De mayo a junio de este año en Twitter creó los perfiles falsos con fotos robadas. El propósito del presidente del Congreso del Estado, a través del autoelogio, era posicionarse entre los aspirantes de su partido y ganar. Su intento falló y sigue en caída libre.

Biestro está a metros del suelo y cada vez más angustiado ante el inminente desenlace. Los cálculos de la caída son implacables: su compañero de partido, Alejandro Armenta Mier, está por encima de él con el 20 por ciento en las preferencias electorales y desacelerando para no estrellarse. Con mayor margen de maniobra, con el 26 por ciento de las preferencias, Eduardo Rivera. Su 18 por ciento se va separado cada vez más de ambos. Y por si fuera poca su adversidad, podría caer en tierra hostil: el PAN tiene el 42 por ciento de las preferencias electorales y su partido el 28 para la capital del estado. Si como dice Biestro no práctica el futurismo, esta es la ocasión para proyectarse cómo se vería en los próximos cinco años.

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